Quizás hayan escuchado hablar de los encuentros a puertas cerradas que Peter Thiel, presidente de la influyente empresa tecnológica Palantir, celebró hace unos meses en Roma. Bueno, yo estuve ahí.
La noche me atrapó por el cuello; caminaba con dificultad por las calles mojadas, sin sentir frío.
En cada esquina había otros: hombres altos, chaquetas negras, piedras en los bolsillos. Todos me miraban, nadie hablaba. Era la Liga.